España suele frecuentar los telediarios en pleno verano azotada por increíbles temporales teñidos de naranja intenso: las masivas intrusiones de puro polvo fino del Sahara flotando y precipitando sobre los techos peninsulares ("la calima"). Después de semejantes lluvias de barro, el rendimiento lumínico de tu tejado cae en picado formándose gruesas motas opacas en la superficie de recolección fotovoltaica.

La tentación de la manguera y el estropajo

Ante de esta suciedad, la reacción rápida del habitante inexperto es subir y disparar con agresivas mangueras a presión (Kärcher) o, peor aún, usar jabones químicos lavavajillas que acaban decapando ferozmente la película anti-reflectante esencial o quemando químicamente los marcos de aluminio N-Type por reacción.

Desde nuestro servicio de mantenimiento advertimos del riesgo: para una limpieza metódica sana, se requiere estricta agua descalcificada osmótica lanzada a muy baja presión o limpiezas con cepillos circulares extremadamente acolchados arrastrando microfibra muy suave que extrae milimétricamente este tipo de arenilla marciana. ¿El tejado resbala? Nunca dejes que tu familiar suba; contrata nuestro escuadrón técnico dotado con arneses para devolver el bloque al 100% de fuerza operativa con seguridad extrema.