Vivir cerca de las playas ofrece excelentes beneficios debido a las abundantes horas de alta luminosidad solar. Sin embargo, para la tecnología instalada en el exterior, el entorno marino presenta un grupo de desafíos atmosféricos concretos que hay que conocer.
En regiones como el litoral del Maresme o el Baix Llobregat, nos enfrentamos a las particularidades del clima costero:
El salitre, un freno silencioso para el rendimiento
La humedad y la brisa marina levantan vapor con partículas de sal. Cuando las placas se secan al sol, este salitre forma una ligera película blanquecina mate sobre el cristal, frenando en pequeños porcentajes (del 5% al 10%) la correcta incidencia del sol. A diferencia de las lluvias limpias, este depósito requiere atención. Con una sencilla sesión de limpieza cada pocos meses empleando agua (sin abrasivos agresivos), el sistema recuperará instantáneamente su máxima producción nominal.
Robustez mecánica frente a temporales de viento
Además del cristal del panel, es vital fijarse en la calidad de la estructura secundaria sobre la que descansa el sistema fotovoltaico (soportes y fijaciones). Por las condiciones oceánicas, instalamos estructuras aerodinámicas de acero inoxidable reforzado. Para prevenir el efecto levantamiento aerodinámico frente a rachas intensas de viento huracanado, aplicamos estrictos cálculos de cargas mecánicas en los anclajes de la instalación.
